8 DE DICIEMBRE. FIESTA DE LA PURÍSIMA.


¡Mantengamos viva la esperanza!

El Papa Pío IX, en la bula Ineffabilis Deus del 8 diciembre de 1854, declaró: “la Virgen María en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente y en previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original”. Por tanto, María fue también redimida por Cristo, pero de manera única, al ser librada de la culpa original de forma preventiva y de toda experiencia de pecado. Nosotros fuimos sacados fuera del fango del pecado; ella no cayó en él.

La Virgen del Adviento, Virgen de la Esperanza o de la O, nos señala el modo de acoger a Jesús que viene a nuestro encuentro como Salvador. Durante este tiempo de esperanza es Ella quien mejor nos enseña a recorrer este camino, preparando nuestra mente y corazón para que el que viene tenga dónde hospedarse.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

PRIMERA LECTURA

La Virgen María es la “mujer” destinada por Dios a ser Madre de Aquel que aplastará la cabeza del maligno.

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20

Después que el hombre y la mujer comieron del árbol que Dios les había prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?". "Oí tus pasos por el jardín", respondió él, "y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí". Él replicó: "¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?". El hombre respondió: "La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él". El Señor Dios dijo a la mujer: "¿Cómo hiciste semejante cosa?". La mujer respondió: "La serpiente me sedujo y comí". Y el Señor Dios dijo a la serpiente: "Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón". El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.
Palabra de Dios.

SALMO

Salmo 97, 1-4

R. Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas.

Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 15, 4-9

Hermanos: Todo lo que ha sido escrito en el pasado, ha sido escrito para nuestra instrucción, a fin de que por la constancia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza. Que el Dios de la constancia y del consuelo les conceda tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús, para que, con un solo corazón y una sola voz, glorifiquen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a ustedes para la gloria de Dios. Porque les aseguro que Cristo se hizo servidor de los judíos para confirmar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas que él había hecho a nuestros padres, y para que los paganos glorifiquen a Dios por su misericordia. Así lo enseña la Escritura cuando dice: "Yo te alabaré en medio de las naciones, Señor, y cantaré en honor de tu nombre".
Palabra de Dios.

EVANGELIO

El relato de Lucas, rico en detalles significativos, nos muestra a María, a la escucha atenta de la Palabra de Dios y dispuesta a su plena realización.

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?". El ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios". María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra". Y el ángel se alejó.
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

Mientras contemplamos la belleza de la Virgen Inmaculada y alabamos a Dios por la excelsa misión a ella confiada en la vida de Cristo y en la Iglesia, nace en nuestras mentes y corazones una gran esperanza: Dios está cerca, Dios nunca abandona al hombre y nosotros podemos seguir confiando en Dios y enfrentarnos a las diversas dificultades en medio a las cuales nos encontramos. Son muchos los fundamentos de nuestra esperanza.

La primera Lectura, del libro del Génesis, relata la historia del pecado original, una de las mayores contribuciones de la fe católica a la cultura humana. La ruptura de relaciones entre el hombre y Dios, la lucha interior entre el bien y el mal, y los enfrentamientos familiares, sociales y políticos tienen la explicación en este acontecimiento nefasto, que pesa sobre la especie humana.

El hombre tiene miedo a Dios; no se fía de Dios. Los hombres seguimos echándonos la culpa los unos a los otros y pensamos que los conflictos se solucionan declarando la guerra. Las consecuencias del pecado original son devastadoras. Todos nacemos con el pecado original. Todos hemos nacido deteriorados, aunque no incapacitados para el bien.

La gracia redentora de Cristo, que llega a nosotros mediante la Palabra y los Sacramentos, restaura nuestra relación con Dios en la confianza, restablece las relaciones interpersonales en el amor de benevolencia, que perdona y hace el bien, y crea puentes de entendimiento en la sociedad en vistas a la paz, pues estamos de paso para la vida eterna.

La segunda Lectura, de la Carta de San Pablo a los Romanos, nos presenta la Escritura como fuente de viva esperanza, gracias a la instrucción y, sobre todo, al consuelo y perseverancia, que nos regala la Palabra de Dios en medio de una sociedad hostil, que busca el interés individual, olvidando los derechos de los demás.

Sabemos que Dios es fiel y cumple sus promesas dadas a los Padres. Tengamos nosotros los mismos sentimientos de Cristo, para acogernos unos a otros, sembrando la confianza en Dios especialmente en los más necesitados. De este modo, también los gentiles proclamarán las misericordias de Dios, cuando a través nuestro conozcan y amen a Dios.
El Evangelio de San Lucas es la historia de la anunciación a la Virgen María, la llena de gracia. En este cuadro se entrecruza el cielo y la tierra; se revela el plan de Dios para salvar a la humanidad en la intimidad de una familia, sencilla en lo social y grandiosa en lo sobrenatural. El arcángel San Gabriel anuncia a María la elección divina sobre ella, quien acepta: He aquí la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra.

El adviento de María, esperando el nacimiento de su Hijo, es para nosotros escuela donde aprendemos a disponer nuestro espíritu y nuestro cuerpo a la venida del Salvador; escuela donde contemplamos la belleza de María, proclamando las maravillas que Dios ha hecho en ella; escuela donde aprendemos a respetar la figura de la esposa, de la madre, de la mujer en el matrimonio, en la familia, en la vida.

Hoy muchos hombres y mujeres, incluso a veces cristianos y católicos, pasan por las tinieblas y la confusión, consecuencia de tantos pecados personales y sociales, por ejemplo, quienes no santifican el domingo y quienes no respetan la vida del niño no nacido. Que la Virgen Inmaculada, gracias a tantas vigilias de oración como se han vivido en esta última noche, despierte las conciencias, ilumine las mentes, enfervorice los corazones para que sean muchos los que vuelvan su mirada a la Virgen María y vuelvan a caminar con aquella primera ilusión, de cuando se dieron cuenta que no estaban solos, que el cielo los acompaña y que son herederos de una misión: transmitir la fe a la propia generación, para poder descansar en paz con los antepasados.

Señor, tú que viniste a este mundo tenebroso para redimirnos de nuestros pecados, haz que ahora te acojamos en nuestros corazones recibiendo santamente la Eucaristía, para que de este modo nos preparemos para recibirte cuando vuelvas glorioso para juzgarnos, mostrando tu misericordia y tu justicia.

En este día grande, de la fiesta de la Inmaculada, confiemos a la Virgen nuestras vidas, nuestras comunidades, familias y amistades.


ESTUDIO BÍBLICO

El Señor hizo en mí maravillas ¡Gloria al Señor!

La festividad de la Inmaculada, en medio del Adviento, desata, religiosamente hablando, todos los resortes más sensibles y utópicos de lo que ha perdido la humanidad. Si analizamos todo ello psicológicamente, habría que recurrir a muchos elementos culturales, ancestrales, pero muy reales, del pecado y de la gracia. El contraste entre la mujer del Génesis que se carga de culpabilidad y la mujer que aparece en la Anunciación, resuelve, desde el proyecto del Dios del amor, lo que las culturas antifeministas o feministas no pueden resolver con discusiones estériles.

Iª Lectura: Génesis (3,9-15.20): El egoísmo del pecado

I.1. La primera lectura de Génesis 3,9-15.20 es la exposición catequética y teológica de un autor llamado "yahvista" (la tesis más extendida), que se limita a poner por escrito toda la tradición religiosa de siglos, en ambientes culturales diversos, sobre la culpabilidad de la humanidad: Adán-Eva. Lo prohibido o lo vedado nos abruma, nos envuelve, nos fascina, nos empapa en libertad desmesurada, hasta que vemos que estamos con las manos vacías. Entonces empiezan las culpabilidades: la mujer, el ser débil frente al fuerte, como ha sucedido en casi todas las culturas, carga con más culpa por parte del varón, pero no por parte de Dios. Y por medio aparece el mito de la serpiente, como símbolo de una inteligencia superior a nosotros mismos, que no es divina, pero lo parece.

I.2. Es muy razonable que debamos desmitologizar muchas cosas del relato, pero eso no quiere decir que esté falto de sentido. Es verdad que hoy no podemos concebir que el "pecado original" consista en comer o no comer de un árbol prohibido. Pero el relato deja ciertas pistas que son elocuentes: el ser humano, instigado por la serpiente, quiere absolutizar su vida, quiere absolutizarse a sí mismo y apoderarse de lo creado como un ser divino, prescindiendo del Dios creador. A la vez, la "experiencia de alteridad" se muestra en que el otro es peor que yo; esto sí que explica muchos males en la historia de la humanidad. Así comienza un camino de despropósitos, sencillamente porque el ser humano, con su chispa divina en el corazón y en el alma, no es nada sin Dios. ¿Quién podrá devolver a la humanidad todo su sentido? Dios mismo, pero cuando la humanidad se abra profundamente a su creador.

I. 3. El mal siempre ha sido descrito míticamente. Pero en realidad el mal lo hacemos nosotros y lo proyectamos al que está frente de nosotros, especialmente si es más débil, según la una visión cultural equivocada. ¿Quién podrá liberarnos de ello? Siempre se ha visto en este texto una promesa de Dios; una promesa para que podamos percibir que el mal lo podemos vencer, sin proyectarlo sobre el otro, si sabemos amar y valorar a quien está a nuestro lado; en este caso el hombre a la mujer y la mujer al hombre.

IIª Lectura: Romanos (15,4-9): Perseverancia y consuelo

II.1. Nuevamente en este domingo, en la carta a los Romanos, Pablo hace referencia a las Escrituras, en este caso al Antiguo Testamento, para que de ellas podamos sacar unas consecuencias inmediatas: perseverancia y consuelo. Son dones que proceden de Dios. Perseverancia, porque hay que tener en cuenta que Dios no falta a su alianza y a sus promesas; ha prometido un mundo mejor, nuevo, justo, (sería en este caso la promesa de la primera lectura de Isaías) y si perseveramos en fiarnos de esa promesa, la verán nuestro ojos.

II.2. Consuelo, porque cuando verificamos lo lejos que estamos de ese estado ideal y casi olímpico; la actitud cristiana no puede ser la desesperación; debemos consolarnos porque algo absolutamente nuevo nos viene de parte de Dios. Y el Adviento es un tiempo propicio para ello. El ejemplo que propone es Cristo, servidor de judíos y paganos, de magnitudes irreconciliables, de mentalidades opuestas. Cristo es el futuro de todos los hombres. Este ideal no puede perderse para los seguidores del evangelio, para las comunidades cristianas que viven en cualquier parte del mundo. El Adviento es un tiempo ideal, es su idiosincrasia, porque es un tiempo de promesas que adelantan un futuro de lo que un día debe ser lo que Dios ha querido para toda la humanidad.

Evangelio: Lucas (1,26-38): La respuesta a la gracia, cura el pecado

III.1. El evangelio de la "Anunciación" es, sin duda, el reverso de la página del Génesis. Así lo han entendido muchos estudiosos de este relato maravilloso lleno de feminismo y cargado de símbolos. Aunque aparentemente no se usen los mismos términos, todo funciona en él para reivindicar la grandeza de lo débil, de la mujer. Para mostrar que Dios, que había creado al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, tiene que decir una palabra definitiva sobre ello. Es verdad que hay páginas en el mundo de la Biblia que están redactadas desde una cultura de superioridad del hombre sobre la mujer. Pero hay otras, como este evangelio, que dejan las cosas en su sitio. Cuando Dios quiere actuar de una forma nueva, extraordinaria e inaudita para arreglar este mundo que han manchado los poderosos, entonces es la mujer la que se abre a Dios y a la gracia.

III.2. Se han hecho y se pueden hacer muchas lecturas de este relato asombroso. Puede ser considerado como la narración de la vocación a la que Dios llama a María, una muchacha de Nazaret. Todo en esta aldea es desconocido, el nombre, la existencia, e incluso el personaje de María. Es claro que, desde ahora, Nazaret es punto clave de la historia de la salvación de Dios. Es el comienzo, es verdad, no es final. Pero los comienzos son significativos. En el Génesis, los comienzos de la "historia" de la humanidad se manchan de orgullo y de miedo, de acusaciones y de despropósitos. Aquí, en los comienzos del misterio de la "encarnación", lo maternal es la respuesta a la gracia y abre el camino a la humanización de Dios. María presta su seno materno a Dios para engendrar una nueva humanidad desde la gracia y el amor. ¿Cómo? Entregando su ser humano a la voluntad de Dios. Querer decir más sería entrar en una elucubración de conceptos y afirmaciones "dogmáticas" que nos alejarían del sentido de nuestro relato.

III.3. El relato tiene todo lo mítico que se necesita para hablar de verdades profundas de fe (si aparece un ángel es por algo); no debemos ser demasiado "piadosillos" en su interpretación. En realidad todo acontece de parte de Dios, pero no en un escenario religioso. Por eso es más asombrosa esta narración que, sin duda, tiene de histórico lo que le sucede a María en su vida. Ella es una criatura marginal que ha sido elegida por Dios, y esto es tan real como histórico. Su hijo será también un judío marginal. Es un relato que no está compuesto a base de citas bíblicas, pero sí de títulos cristológicos: grande, Hijo del Altísimo, recibirá el trono de David su padre. Todo eso es demasiado para una muchacha de Nazaret. Y todo ocurre de distinta manera a como ella lo había pensado; ya estaba prometida a un hombre. Ella pensaba tener un hijo, ¡claro!, pero que fuera grande, Hijo del Altísimo y rey (Mesías en este caso), iba más allá de sus expectativas. Pero sucede que cuando Dios interviene, por medio del Espíritu, lo normal puede ser extraordinario, lo marginal se hace necesario. Esa es la diferencia entre fiarse de Dios como hace esta joven de Nazaret o fiarse de "una serpiente" como hizo la mítica Eva.

III.4. María de Nazaret, pues, la "llena de gracia", está frente al misterio de Dios, cubierta por su Espíritu, para que su maternidad sea valorada como lo más hermoso del mundo. Sin que tengamos que exagerar, es la mujer quien más siente la presencia religiosa desde ese misterio maternal. Y es María de Nazaret, de nuestra carne y de nuestra raza, quien nos es presentada como la mujer que se abre de verdad al misterio del Dios salvador. Ni los sacerdotes, ni los escribas de Jerusalén, podían entenderlo. La "llena de gracia" ( kejaritôménê ), con su respuesta de fe, es la experiencia primigenia de la liberación del pecado y de toda culpa. Dios se ha hecho presente, se ha revelado, a diferencia del Sinaí, en la entraña misma de una muchacha de carne y hueso. No fue violada, ni maltratada, ni forzada... como otras como ella lo eran por los poderosos soldados de imperio romano que controlaban Galilea. Fue el amor divino el que la cautivo para la humanidad. Por eso, en un himno de San Efrén (s. IV) se la compara con el monte Sinaí, pero el fuego devorador de allí y la llama que los serafines no pueden mirar, no la han quemado. Esta "teofanía" divina es otra cosa, es una manifestación de la gracia materna de Dios.




MES DE MARÍA - DÍA 30



Preparando la fiesta de la Purísima

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«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

La festividad de la Inmaculada Concepción de María nos tiene que ayudar a pensar y meditar sobre nuestro propio destino como creyentes y nuestro destino comunitario como Iglesia. Esta fiesta no intenta sólo hacernos admirar y celebrar los “privilegios” y “gracias” de la primera discípula, sino recordarnos a todos, tal y como leemos en la liturgia de hoy, que Dios nos ha escogido en su querido Hijo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor. Dios nos ha escogido en su Hijo para una nueva creación, la creación que empieza con la nueva Eva, María, que empieza con una mujer sin pecado original que nos traerá el Salvador.

CONTEMPLAMOS LA PALABRA

I LECTURA

"Dios no deja de buscar al hombre, y busca justamente al hombre que ha pecado. No porque Dios no lo encuentre, sino para que sea el hombre quien se deje encontrar por Dios que ha dado el paso de buscarlo y llamarlo. En Dios está siempre la iniciativa, desde la creación hasta la reconciliación. El pecado tiene ese efecto. Pensamos que Dios nos castigará y de ese modo, nuestra 'culpa' o 'sentimiento de culpa' nos aleja de él. ¡Si justamente Dios busca lo contrario!"

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20

Después que el hombre y la mujer comieron del árbol que Dios les habría prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?". "Oí tus pasos por el jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí". Él replicó: "¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?". El hombre respondió: "La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él". El Señor Dios dijo a la mujer: "¿Cómo hiciste semejante cosa?". La mujer respondió: "La serpiente me sedujo y comí". Y el Señor Dios dijo a la serpiente: "Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón". El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.
Palabra de Dios.
SALMO

Salmo 97, 1-4

R. ¡Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas!

Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.

SEGUNDA LECTURA

El proyecto ("destino", según este himno) de Dios es que vivamos como sus hijos. De esta manera nuestra condición supera ampliamente la de cualquier otra creatura. Ser hijos de Dios nos habilita para considerar a Dios como Padre y entregarnos en sus brazos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 1, 3-6. 11-12.

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido. En él, hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano para ser alabanza de su gloria, según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad.
Palabra de Dios.

EL EVANGELIO PARA EL DÍA DE HOY

"¿De dónde, repito, te ha llegado tan gran bien? Eres virgen, eres santa, has hecho un voto; pero es muy grande lo que has merecido; mejor, lo que has recibido. ¿Cómo lo has merecido? Se forma en ti quien te hizo a ti; se hace en ti aquel por quien fuiste hecha tú; más aún, aquel por quien fue hecho el cielo y la tierra, por quien fueron hechas todas las cosas; en ti la Palabra se hace carne recibiendo la carne, sin perder la divinidad. Hasta la Palabra se junta y une con la carne, y tu seno es el tálamo de tan gran matrimonio; vuelvo a repetirlo: tu seno es el tálamo de tan gran matrimonio, es decir, de la unión de la Palabra y de la carne" (San Agustín, Sermón 291).

Ì Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?". El Ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios". María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra". Y el Ángel se alejó.
Palabra del Señor.

COMPARTIMOS LA PALABRA

El primer aspecto que podemos destacar es el paralelo entre la primera lectura y el Evangelio. Son dos momentos transcendentales de la Historia de la Salvación, y me atrevería a decir de nuestra historia de Salvación personal. En el primero nos situamos tras el pecado, tras la desobediencia del hombre del mandato divino de no creerse el centro de todas las cosas y libre de vivir sin normas. Es interesante ver tres cosas: la primera que el hombre tiene miedo de Dios y se esconde, la segunda que se ve a sí mismo como desnudo y la tercera que no admite su culpa.

Que el hombre tenga miedo de Dios nos puede parecer normal a nosotros, pero no lo era para Adán, acostumbrado a la intimidad con Dios en el paraíso. Es una consecuencia del pecado; una consecuencia de alejarnos de Dios es pensar que nuestro creador sólo se nos manifiesta para condenarnos o amonestarnos, reacción que sin duda esperaba Adán. La segunda consecuencia es verse desnudo, verse inválido, verse en definitiva sin dignidad, porque el pecado no es una mera transgresión de las normas establecidas, es algo que hace perder su dignidad al hombre. Y por último es muy interesante ver como los protagonistas se van “escurriendo el bulto”, ninguno de ellos quiere asumir su responsabilidad y todos van acusando al siguiente: el hombre a la mujer y la mujer a la serpiente.

Muy diferente es la lectura de la Anunciación. Con ella comienza la nueva creación a la que esta llamada el hombre por medio de Cristo. En primer lugar María, a la que también llega un mensaje “del cielo” mediante el Arcángel Gabriel, textualmente mensajero de Dios, no se esconde, no huye. María, con la valentía que sólo tienen los verdaderamente humildes, escucha el mensaje de Dios. En segundo lugar no repara en su desnudez, en el hecho de que todos los hombres tenemos nuestra vida y nuestros pensamientos descubiertos delante de Dios. María no repara en que Dios la conoce y la sondea como dice el salmo porque no vive esa experiencia como algo externo, sino como su mayor anhelo. Y por último María no intenta huir de su responsabilidad. Pregunta cómo será ese milagro, pero no intenta en ningún momento “culpar” a nadie. En definitiva ella libremente será la que acoja su historia. Esta diferencia entre los dos textos ya nos marca el momento de nueva creación que conmemoramos en la fiesta de la Inmaculada.

Detengámonos un momento en la segunda lectura que es quizás la más importante de las de hoy. En ella se nos dice que estamos destinados a ser “santos e irreprochables” por Cristo ante Dios. Es nuestro destino de criaturas nuevas. Los nacidos de la nueva Eva. Pero posteriormente, en la misma carta, podemos leer que este destino es también compartido por la Iglesia: “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificarla mediante el bautismo y la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada” (Ef 5, 25-27). Es decir, María Inmaculada se convierte así en el modelo del creyente y de la Iglesia, ambos llamados a vivir esta ausencia de pecado y ser irreprochables ante Dios por el Amor. El proyecto de Dios para con el hombre tras la Encarnación de Cristo está claro tal y como dice R. Cantalamesa: “Una humanidad de santos e inmaculados: he aquí el gran proyecto de Dios al crear la Iglesia. Una humanidad que pueda, por fin, comparecer ante Él, que ya no tenga que huir de su presencia, con el rostro lleno de vergüenza como Adán y Eva tras el pecado. Una humanidad, sobre todo, que Él pueda amar y estrechar en comunión consigo, mediante Su Hijo, en el Espíritu Santo”.

En este contexto podemos entender nuestra fiesta de hoy, en el contexto en que San León Magno encuadra la mariología al decir que “Lo que el Espíritu puso en María lo paso los sacramentos” y más concretamente “concedió a la Iglesia lo que había concedido a su Madre” (sermón 25). María Inmaculada es el faro donde el creyente ve su vocación a la caridad perfecta; donde la Iglesia se tiene que ver como proyecto de santidad perfecto. La liturgia nos habla de María como modelo de santidad. Pero no podemos dejar de verla también como ayuda en este devenir, como intercesora privilegiada, en definitiva como Virgen Inmaculada pero también como Madre de todos los nuevos creyentes, madre del la humanidad renovada que vive en la Iglesia.

¡Salve Virgen y Esposa! Saluda desde hace quince siglos la oración ortodoxa del Akatistos a María. Y precisamente con algunos de sus fragmentos que hacen referencia a todo lo que aquí hemos dicho, a esta fiesta de la recreación del hombre gracias al Hijo de María, podemos concluir:

Salve, por ti resplandece la dicha;
Salve, por ti se eclipsa la pena.
Salve, levantas a Adán, el caído;
Salve, rescatas el llanto de Eva.

Salve, oh cima encumbrada a la mente del hombre;
Salve, abismo insondable a los ojos del ángel.
Salve, tú eres de veras el trono del Rey;
Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene.

Salve, lucero que el Sol nos anuncia;
Salve, regazo del Dios que se encarna.
Salve, por ti la creación se renueva;
Salve, por ti el Creador nace niño.

Salve, ¡Virgen y Esposa!
Salve, ¡Virgen y Esposa!


ESTUDIO BÍBLICO

El Señor hizo en mí maravillas ¡Gloria al Señor!

La festividad de la Inmaculada, en medio del Adviento, desata, religiosamente hablando, todos los resortes más sensibles y utópicos de lo que ha perdido la humanidad. Si analizamos todo ello psicológicamente, habría que recurrir a muchos elementos culturales, ancestrales, pero muy reales, del pecado y de la gracia. El contraste entre la mujer del Génesis que se carga de culpabilidad y la mujer que aparece en la Anunciación, resuelve, desde el proyecto del Dios del amor, lo que las culturas antifeministas o feministas no pueden resolver con discusiones estériles.

Iª Lectura: Génesis (3,9-15.20): El egoísmo del pecado

I.1. La primera lectura de Génesis 3,9-15.20 es la exposición catequética y teológica de un autor llamado "yahvista" (la tesis más extendida), que se limita a poner por escrito toda la tradición religiosa de siglos, en ambientes culturales diversos, sobre la culpabilidad de la humanidad: Adán-Eva. Lo prohibido o lo vedado nos abruma, nos envuelve, nos fascina, nos empapa en libertad desmesurada, hasta que vemos que estamos con las manos vacías. Entonces empiezan las culpabilidades: la mujer, el ser débil frente al fuerte, como ha sucedido en casi todas las culturas, carga con más culpa por parte del varón, pero no por parte de Dios. Y por medio aparece el mito de la serpiente, como símbolo de una inteligencia superior a nosotros mismos, que no es divina, pero lo parece.

I.2. Es muy razonable que debamos desmitologizar muchas cosas del relato, pero eso no quiere decir que esté falto de sentido. Es verdad que hoy no podemos concebir que el "pecado original" consista en comer o no comer de un árbol prohibido. Pero el relato deja ciertas pistas que son elocuentes: el ser humano, instigado por la serpiente, quiere absolutizar su vida, quiere absolutizarse a sí mismo y apoderarse de lo creado como un ser divino, prescindiendo del Dios creador. A la vez, la "experiencia de alteridad" se muestra en que el otro es peor que yo; esto sí que explica muchos males en la historia de la humanidad. Así comienza un camino de despropósitos, sencillamente porque el ser humano, con su chispa divina en el corazón y en el alma, no es nada sin Dios. ¿Quién podrá devolver a la humanidad todo su sentido? Dios mismo, pero cuando la humanidad se abra profundamente a su creador.

I. 3. El mal siempre ha sido descrito míticamente. Pero en realidad el mal lo hacemos nosotros y lo proyectamos al que está frente de nosotros, especialmente si es más débil, según la una visión cultural equivocada. ¿Quién podrá liberarnos de ello? Siempre se ha visto en este texto una promesa de Dios; una promesa para que podamos percibir que el mal lo podemos vencer, sin proyectarlo sobre el otro, si sabemos amar y valorar a quien está a nuestro lado; en este caso el hombre a la mujer y la mujer al hombre.

IIª Lectura: Efesios (1,3-6.11-12): Dios nos ha destinado a ser hijos

II.1. La segunda lectura se toma del himno de Efesios. Los himnos del NT se cantaban como confesiones de fe, en alabanza al Dios salvador, que por Jesucristo se ha revelado a los hombres. Esta carta que se atribuye a Pablo, o a uno de sus discípulos mejor, ha recogido este himno en el que se nos presenta a Cristo ya desde los orígenes, antes incluso de la creación el mundo y con Cristo se tiene presente a toda la humanidad. Se alaba a Dios porque, en Cristo, nos ha elegido para ser santos y sin tacha (diríamos sin pecado) en el amor. Como santos nos parecemos a Dios, y por eso estamos llamados a vivir sin la culpabilidad y el miedo del pecado. Esto lo logra Dios en nosotros por el amor. Porque Dios nos ha destinado a ser sus hijos, no sus rivales.

II.2. Por lo mismo, esa historia de culpabilidades entre los fuertes y los débiles, entre hombre y mujer, es atentar contra la dignidad de la misma creación. Cristo, pues, viene para romper definitivamente esa historia humana de negatividad, y nos descubre, por encima de cualquier otra cosa, que todos somos hijos suyos; que los hijos de Dios, hombre o mujer, esclavos o libres, estamos llamados a la gracia y al amor. Esta es nuestra herencia.

Evangelio: Lucas (1,26-38): La respuesta a la gracia, cura el pecado

III.1. El evangelio de la "Anunciación" es, sin duda, el reverso de la página del Génesis. Así lo han entendido muchos estudiosos de este relato maravilloso lleno de feminismo y cargado de símbolos. Aunque aparentemente no se usen los mismos términos, todo funciona en él para reivindicar la grandeza de lo débil, de la mujer. Para mostrar que Dios, que había creado al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, tiene que decir una palabra definitiva sobre ello. Es verdad que hay páginas en el mundo de la Biblia que están redactadas desde una cultura de superioridad del hombre sobre la mujer. Pero hay otras, como este evangelio, que dejan las cosas en su sitio. Cuando Dios quiere actuar de una forma nueva, extraordinaria e inaudita para arreglar este mundo que han manchado los poderosos, entonces es la mujer la que se abre a Dios y a la gracia.

III.2. Se han hecho y se pueden hacer muchas lecturas de este relato asombroso. Puede ser considerado como la narración de la vocación a la que Dios llama a María, una muchacha de Nazaret. Todo en esta aldea es desconocido, el nombre, la existencia, e incluso el personaje de María. Es claro que, desde ahora, Nazaret es punto clave de la historia de la salvación de Dios. Es el comienzo, es verdad, no es final. Pero los comienzos son significativos. En el Génesis, los comienzos de la "historia" de la humanidad se manchan de orgullo y de miedo, de acusaciones y de despropósitos. Aquí, en los comienzos del misterio de la "encarnación", lo maternal es la respuesta a la gracia y abre el camino a la humanización de Dios. María presta su seno materno a Dios para engendrar una nueva humanidad desde la gracia y el amor. ¿Cómo? Entregando su ser humano a la voluntad de Dios. Querer decir más sería entrar en una elucubración de conceptos y afirmaciones "dogmáticas" que nos alejarían del sentido de nuestro relato.

III.3. El relato tiene todo lo mítico que se necesita para hablar de verdades profundas de fe (si aparece un ángel es por algo); no debemos ser demasiado "piadosillos" en su interpretación. En realidad todo acontece de parte de Dios, pero no en un escenario religioso. Por eso es más asombrosa esta narración que, sin duda, tiene de histórico lo que le sucede a María en su vida. Ella es una criatura marginal que ha sido elegida por Dios, y esto es tan real como histórico. Su hijo será también un judío marginal. Es un relato que no está compuesto a base de citas bíblicas, pero sí de títulos cristológicos: grande, Hijo del Altísimo, recibirá el trono de David su padre. Todo eso es demasiado para una muchacha de Nazaret. Y todo ocurre de distinta manera a como ella lo había pensado; ya estaba prometida a un hombre. Ella pensaba tener un hijo, ¡claro!, pero que fuera grande, Hijo del Altísimo y rey (Mesías en este caso), iba más allá de sus expectativas. Pero sucede que cuando Dios interviene, por medio del Espíritu, lo normal puede ser extraordinario, lo marginal se hace necesario. Esa es la diferencia entre fiarse de Dios como hace esta joven de Nazaret o fiarse de "una serpiente" como hizo la mítica Eva.

III.4. María de Nazaret, pues, la "llena de gracia", está frente al misterio de Dios, cubierta por su Espíritu, para que su maternidad sea valorada como lo más hermoso del mundo. Sin que tengamos que exagerar, es la mujer quien más siente la presencia religiosa desde ese misterio maternal. Y es María de Nazaret, de nuestra carne y de nuestra raza, quien nos es presentada como la mujer que se abre de verdad al misterio del Dios salvador. Ni los sacerdotes, ni los escribas de Jerusalén, podían entenderlo. La "llena de gracia" (kejaritôménê), con su respuesta de fe, es la experiencia primigenia de la liberación del pecado y de toda culpa. Dios se ha hecho presente, se ha revelado, a diferencia del Sinaí, en la entraña misma de una muchacha de carne y hueso. No fue violada, ni maltratada, ni forzada... como otras como ella lo eran por los poderosos soldados de imperio romano que controlaban Galilea. Fue el amor divino el que la cautivó para la humanidad. Por eso, en un himno de San Efrén (s. IV) se la compara con el monte Sinaí, pero el fuego devorador de allí y la llama que los serafines no pueden mirar, no la han quemado. Esta "teofanía" divina es otra cosa, es una manifestación de la gracia materna de Dios.





MES DE MARÍA - DÍA 29




MARÍA, DISCÍPULA SERVIDORA
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Saludamos a nuestro Dios: En el nombre Ì del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial para todos los días del mes (Ver columna derecha de esta página).

Presentación de la Palabra de Dios: Nos preguntamos muchas veces cómo caminar hacia un auténtico discipulado misionero. Veremos hoy un camino, si no el más relevante de todos.

Texto bíblicoEvangelio de N.S.J.C. según san Lucas 1, 38

“María dijo:

- Aquí está la esclava del Señor, que me suceda como tú dices.

Y el ángel la dejó”.


ReflexiónMaría surge aquí como la primera creyente que escucha y vive el Evangelio sobre Jesús.

Ella misma se atribuye el título de Esclava o Servidora del Señor. En los días anteriores hemos visto que se la llama Hija de Sión, Virgen, Madre, llena de gracia, llena del Espíritu Santo, nombres que caracterizaban su misión y elección.

El titulo de Servidora designa su humanidad, su naturaleza, su obediencia. Su vida toda está al servicio del plan maravilloso de Dios.

Por este acto ella realiza:

- Una ofrenda, que no es otra cosa que ella misma, en la que hace presente su total disponibilidad al plan de Dios.

- Un acto de escucha activa al aceptar la invitación a esta nueva vocación, no como un honor, sino como un acto de servicio a Dios.

- Un acto de esperanza. Al comienzo se turba, pero inmediatamente se entrega en las manos del Señor. Desea realizar en su vida la palabra y la voluntad de Dios, como todo buen discípulo.

Realiza así un auténtico movimiento de fe, por el que pasa a ser la madre de los creyentes (cfr. Rom 4,18-21) al comprometerse en el misterio de la Encarnación, ya que “ninguna cosa será imposible para Dios” (Gn 18,14). Nos recuerda, de este modo, a Abraham, padre de todos los creyentes, con quien, y gracias a su acto de fe, comienza la historia de la Salvación.

Tan significativa es la acción de María, que su palabra se vuelve acontecimiento. Si leemos los textos bíblicos referidos a María, como lo hemos hecho en estos días, “nos daremos cuenta que todas las palabras de Dios para ella se hacen acontecimiento de Jesús en su vida y todos los acontecimientos salvíficos que ella vive y admira se hacen palabra de Dios para ella. Es la actitud propia de un discípulo en la escuela de Jesús. María es, pues, la primera discípula cristiana”.

Finalmente, la fe de María hace que acoja y escuche la Palabra de Dios, y de este modo la ofrezca al mundo como propuesta de vida plena. Así, es modelo de vida para todo creyente y para la Iglesia.

Oremos

Oremos al Señor para que poco a poco vayamos trabajando, con la gracia de Dios, nuestra ofrenda, que no es otra cosa que hacernos totalmente disponible al plan de Dios.

Encomendémonos al Señor para que nuestra escucha de su Palabra sea escucha activa y aceptemos la invitación a la vocación que se nos llama para un mayor servicio a Dios.

Para que cultivemos la esperanza, que hace que nos pongamos en las manos del Señor y así volvernos servidores de los demás.

Padre Bondadoso, sabemos que nos amas y cuidas de nosotros con ternura de padre y madre. Por intercesión de María, tu elegida, te confiamos todos nuestros afanes y preocupaciones. Como Tú eres generoso con nosotros, haznos generosos con los demás.

(Añada las oraciones que vienen a su corazón con la escucha de la Palabra).

Oración final para todos los días del mes. (Ver columna derecha de esta página).

Conclusión

Nos bendiga Dios Todopoderoso, Ì Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.







MES DE MARÍA - DÍA 28




CONTIGO VIRGEN MARÍA, 
HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS

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Saludamos a nuestro Dios: En el nombre Ì del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial para todos los días del mes (Ver columna derecha de esta página).

Presentación de la Palabra de Dios: La esperanza cristiana se vive ya aquí, en este mundo, pero tiene su culminación en el encuentro definitivo con Dios. En el siguiente texto bíblico veremos que también la Virgen es parte de ese encuentro. Contemplemos este misterio de la fe en la oración de hoy.

Texto bíblicoLectura del libro del Apocalipsis 12, 1-2

“Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Estaba encinta y las angustias del parto le arrancaban gemidos de dolor”.
Palabra de Dios

Reflexión:

El texto es complejo, puesto que recoge variados elementos simbólicos.

La mujer simboliza al pueblo de Dios, identificado:

-   Primero con el Israel fiel a Dios, que sufre los dolores de parto, hasta dar a luz al Mesías prometido,

-   y luego con la Iglesia, el pueblo de los que creen en Jesús, que está dando continuamente a luz a Cristo en el misterio pascual.

La mujer vestida de sol, simboliza también a la figura de la Madre de Jesús, nueva Eva, representante eminente del pueblo de Dios.

¿Pero qué nos deja el texto, para nuestra vida hoy?

La Virgen está en medio de su pueblo, como figura destacada. Con nosotros y acogida por nosotros como pueblo de Dios, nos sigue acercando y entregando a su Hijo para una plenitud humana y definitiva en el Reino de Dios.

Aquélla de la Encarnación, anunciada al comienzo, es confirmada en el Apocalipsis, libro de las realidades últimas de la Iglesia y del mundo, donde vuelve de nuevo la señal de la «mujer», esta vez «vestida del sol» (Ap 12, 1).

Oremos

Oremos al Señor una vez más suplicando el don de la perseverancia hasta que Él vuelva, para que nos encuentre bajo el manto de María.

Pidamos por la Iglesia, para que la Virgen la purifique siempre, de manera que pueda presentarse al Señor junto aquélla que inspira su maternidad y que luce “vestida de sol”.

Demos gracias por nuestro continente mayoritariamente cristiano y mariano, para que cada vez más se haga discípulo y misionero con la profundidad de la fe de María.

Demos gracias al Señor por la presencia silenciosa y profunda de la Virgen en los santuarios de América, que nos muestran la fuerza misionera de María, y pidamos por ellos para que sean ese pulmón espiritual que nuestra sociedad necesita.

Oremos también por todas las expresiones religiosas que reconocen en María la madre y maestra que inspira su devoción y seguimiento al Señor, para que cada vez profundicen su identidad cristiana y misionera.

Recordemos y pongamos en la presencia del Señor a todos los peregrinos que al final del Mes de María irán a los Santuarios llevando sus oraciones y agradecimientos al Señor por medio de la Virgen.

Padre del cielo que envías a tu Hijo Jesús al mundo, para colmar nuestras esperanzas, y ofrecernos un futuro mejor y eterno, aumenta nuestra fe y nuestro amor por ti y los hermanos.

Señor Dios nuestro, tú nos amas y por eso esperas que practiquemos tu bondad y tu justicia. Que Jesús permanezca con nosotros para que tus anhelos y los nuestros se hagan realidad.

(Añada las oraciones que vienen a su corazón con la escucha de la Palabra).

Oración final para todos los días del mes. (Ver columna derecha de esta página).

Conclusión

Nos bendiga Dios Todopoderoso, Ì Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.






MES DE MARÍA - DÍA 27


MARÍA, MISIONERA DE LAS MULTITUDES


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Saludamos a nuestro Dios: En el nombre Ì del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial para todos los días del mes (Ver columna derecha de esta página).

Presentación de la Palabra de Dios: Ser discípula implica la dimensión misionera. Meditemos hoy el llamado que Aparecida nos hace desde la Virgen María.

Texto bíblico: Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas: 1,39-48

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".

Entonces dijo María: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava".

Palabra del Señor.
Reflexión:

“María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros. Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América. En el acontecimiento guadalupano, presidió, junto al humilde Juan Diego, el Pentecostés que nos abrió a los dones del Espíritu. Desde entonces, son incontables las comunidades que han encontrado en ella la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús.

Con gozo, constatamos que se ha hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos, entrando profundamente en el tejido de su historia y acogiendo los rasgos más nobles y significativos de su gente. Las diversas advocaciones y los santuarios esparcidos a lo largo y ancho del Continente testimonian la presencia cercana de María a la gente y, al mismo tiempo, manifiestan la fe y la confianza que los devotos sienten por ella. Ella les pertenece y ellos la sienten como madre y hermana”.  (Cfr. DA 269.)

El texto es muy evidente en su mensaje. La Virgen María es la misionera del hogar, del trabajo, en medo de la multitud. En el gozo y en la esperanza. En la alegría y en la  tristeza.

Los invitamos a poner en común hoy, dónde y en qué circunstancias de nuestra vida nos hemos encontrado con la Virgen María.

De acuerdo a lo que vayamos señalando, se nos irá haciendo mucho mas evidente la presencia misionera de María.

Oremos

Demos gracias al Señor por la presencia silenciosa y profunda de la Virgen en los santuarios de América, que nos muestran la fuerza misionera de María, y pidamos por ellos para que sean ese pulmón espiritual que nuestra sociedad necesita.

Oremos también por todas las expresiones religiosas que reconocen en María la madre y maestra que inspira su devoción y seguimiento al Señor, para que cada vez profundicen su identidad cristiana y misionera.

Recordemos y pongamos en la presencia del Señor a todos los peregrinos que al final del Mes de María irán a los Santuarios llevando sus oraciones y agradecimientos al Señor por medio de la Virgen.

Padre del cielo que envías a tu Hijo Jesús al mundo, para colmar nuestras esperanzas, y ofrecernos un futuro mejor y eterno, aumenta nuestra fe y nuestro amor por ti y los hermanos.

Señor Dios nuestro, tú nos amas y por eso esperas que practiquemos tu bondad y tu justicia. Que Jesús permanezca con nosotros para que tus anhelos y los nuestros se hagan realidad.

(Añada las oraciones que vienen a su corazón con la escucha de la Palabra).

Oración final para todos los días del mes. (Ver columna derecha de esta página).

Conclusión

Nos bendiga Dios Todopoderoso, Ì Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.